Un escritor de nombre Julio César Napoleón (Enrique Herrera) se ve envuelto en constantes ataques de nervios que lo hacen alucinar los personajes de sus radionovelas. Como sugerencia del doctor Jiménez (Alberto Galán) se inscribe por una temporada en su sanatorio, ubicado en las montañas; y para mantenerse en el anonimato usa el nombre de uno de sus ficticios personajes: Justiniano Conquian, sin saber de la verdadera existencia de Justiniano Conquian (Joaquín Pardavé), quien es un taxidermista distraído y olvidadizo que estará a punto de recibir una gran fortuna con la condición de sobrevivir un mes en la antigua residencia de los Conquian: un castillo con fama de estar embrujado, ubicado en "Las Montañas de los Muertos", en donde estarán también los parientes de Justiniano, quienes harán todo lo posible para impedir que reciba dicha herencia.
El gran drama comienza al confundirse sus destinos. El escritor llega al castillo pensando que es el sanatorio y el taxidermista arriba equivocadamente en éste.
El gran drama comienza al confundirse sus destinos. El escritor llega al castillo pensando que es el sanatorio y el taxidermista arriba equivocadamente en éste.
La película presenta elementos del expresionismo alemán, tanto en el argumento como en la fotografía y la estética en general, que le dan una atmósfera de fantasía e intriga en su mayor parte y también la tornan misteriosa en el resto de las escenas con tintes de terror; aunque nunca pierde la intención de ser una comedia.
Posee además un increíble reparto comandado por un buen Rubén Herrera y una memorable actuación de Joaquín Pardavé, quien posee los diálogos mas ingeniosos y enredados de la película.
Aunque hubo algunos personajes que bien pudieron no aparecer, ya que no los recuerdo, algunos sí cumplieron con funciones importantes dentro del filme. No debemos omitir las limitaciones que presenta, principalmente de la cámara que hacían mutar la calidad del celuloide en algunas escenas. También hay que decir que Justiniano Conquián desaparece un gran rato de la pantalla, pero esto no fue impedimento para hacernos gozar de sus graciosas situaciones, haciéndome recordar en algún punto al genio Chaplin.
Lo que hace estupenda a esta película es, sin duda, el guion escrito por Humberto Gómez Landero en colaboración con el director Juan Bustillo Oro, lleno de ingeniosos diálogos y grandes momentos cómicos y de intriga.
El final es simplemente perfecto, tan inesperado como la mayoría de las situaciones que se vienen dando desde que explotaron cuando el intercambio de personaje y lugar sucedió. Un final atrevido, cómico, que nos deja preguntándonos quién es el verdadero loco.
A mi parecer, esta película es una joya del cine mexicano, llena de memorables momentos. Bien vale la pena ver los 116 minutos de duración. Y lo que nos deja, al menos a mí, va más allá de una muy buena película, nos propone cuestionarnos acerca de temas muy importantes para el hombre, como la locura y la propia existencia. Como ya dije: una joya.
Calificación: 9/10.



