El renacido (The Revenant, EU, 2015) es la sexta película del mexicano Alejandro G. Iñárritu, ahora con su primer apellido abreviado, estrenada consecutivamente tras Birdman: o la inesperada virtud de la ignorancia (EU, 2014). El guion, escrito por él mismo y junto a Mark L. Smith, está basado en la novela homónima de Michael Punke.
La película retrata la increíble experiencia verídica de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio, gesticulando al límite), un cazador y explorador norteamericano que tras aislarse de su grupo, después de ser perseguidos por una tribu de pieles rojas, es cruelmente atacado y fatalmente herido por una osa pardo. Sus hombres, dándolo casi por muerto y con la desaprobación del capitán Andrew Henry (Domhnall Gleeson), lo abandonan en el bosque junto a su hijo mitad-pawnee Hawk (Forrest Goodluck) y en compañía del joven asustadizo Jim (Will Poulter) y del temperamental ex-militar Fitzgerald (Tom Hardy), quien pierde la paciencia y la cordura asesinando así al primogénito del moribundo. Hugh Glass, en una suerte de súper-humano, logra regenerarse y resucitar, renacer para poder vengarse.
La película retrata la increíble experiencia verídica de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio, gesticulando al límite), un cazador y explorador norteamericano que tras aislarse de su grupo, después de ser perseguidos por una tribu de pieles rojas, es cruelmente atacado y fatalmente herido por una osa pardo. Sus hombres, dándolo casi por muerto y con la desaprobación del capitán Andrew Henry (Domhnall Gleeson), lo abandonan en el bosque junto a su hijo mitad-pawnee Hawk (Forrest Goodluck) y en compañía del joven asustadizo Jim (Will Poulter) y del temperamental ex-militar Fitzgerald (Tom Hardy), quien pierde la paciencia y la cordura asesinando así al primogénito del moribundo. Hugh Glass, en una suerte de súper-humano, logra regenerarse y resucitar, renacer para poder vengarse.
Como es costumbre las actuaciones en una película de Iñárritu siempre son relevantes. Leonardo DiCaprio, con sólo su rostro y sus ojos, logra transmitir lo que vive Hugh Glass en su calvario interminable. Tom Hardy convence como el villano Fitzgerald, un ser desgraciado que muestra las actitudes más bajas a las que un ser humano puede llegar para obtener su propio beneficio. Es notorio también el joven actor Will Poulter en el rol de Jim Bridger, un temeroso y torpe adolescente que se ve envuelto en su peor experiencia.
El soundtrack minimalista realizado por el japonés Ryuichi Sakamoto y el alemán Alva Noto acompaña los muchísimos momentos de intensidad, dolor y sufrimiento. La canción principal me recuerda a la música usada en el film El desprecio (1963) de Jean-Luc Godard y que fue compuesta por George Delerue, autor con un nivel artístico superior.
Pero lo que realmente opaca e incluso supera a todo lo demás, incluyendo la dirección del propio Alejandro, es el trabajo realizado por Emmanuel Lubezki. La fotografía es espectacular en esta película. Desde principio a fin nos muestra hermosas imágenes, dominando en ellas los colores fríos, que resultan difíciles de olvidar. El "Chivo", con un estilo único y fácilmente identificable, logra superarse en cada película sin importar las exigencias y los desafíos que deba afrontar, como el hecho de usar solamente luz natural.
Aparecen elementos como el agua, el viento y la levitación; planos y secuencias casi idénticos, misma puesta en cámara, en escena y ritmo, de filmes como La infancia de Iván (1962) y Andréi Rubliov (1966) concebidos por el cineasta-poético-escultor-de-tiempo Andréi Tarkovski. El director mexicano ha confesado en varias entrevistas la influencia tarkovskiana en sus películas.
El ritmo pierde fuerza a la mitad de la película. Luego de que nos muestra, al principio, un vertiginoso plano secuencia de cuando los pieles rojas persiguen al grupo de cazadores y un convincente y terrorífico ataque de oso, el ritmo se vuelve un tanto extraño y demasiado lento. A continuación comienza el exageradamente interminable calvario que sufre el personaje interpretado por DiCaprio, luego se topa con el amable apache gigantón Elk Dog (Duane Howard), y hasta que llega su tiempo de venganza en su batalla final contra Fitzgerlad, momento donde apenas se recupera un poco el ritmo, pues regresa la intensidad que se vio al principio.
The Revenant es una película que, en larguísimos 156 minutos, no termina por configurar ni explicar su recóndito y vago mensaje que es olvidado por los aspectos puramente formales y técnicos, especialmente por la fotografía de Lubezki. Tampoco hace mucho más que mostrar el sufrimiento y el dolor humanos.
Calificación: 7/10.



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