Imagen1

Imagen1

miércoles, 2 de diciembre de 2020

El escenario distópico en el cine mexicano. Parte 1

La distopía, contraria por definición a la utopía -es decir, lo añorado pero lejano-, representa una realidad cercana, indeseable y tal vez temible: un futuro próximo, probable y caótico.

Tanto la utopía como la distopía se han vuelto muy importantes para nuestros imaginarios y mitologías contemporáneas. A partir de que la tecnología alcanzó un punto culminante en nuestra historia, comenzó a ser preocupación para filósofos, científicos y artistas el porvenir de la humanidad y su relación con lo tecnológico y con el medio ambiente. Dichos escenarios serían llevados posteriormente a las artes, como la literatura y el cine.

Santo, el Enmascarado de Plata vs. la invasión de los marcianos (1966).

Ejemplos reconocidos de distopías son las novelas Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley o 1984 (1948) de George Orwell, las cuales presentan escenarios futuristas donde el mundo se ha vuelto hostil y terrible. En el cine estas novelas han tenido varias adaptaciones cinematográficas y se ligan principalmente con la ciencia ficción.

En el cine mexicano las distopías llegaron mucho después. Antes, en la década de los años 60 y 70, se tuvo que pasar por películas con deficiencias técnicas, ligadas a los géneros drama y comedia que se mezclaban con la ciencia ficción, lo que dio lugar a las películas de "El Santo" (Rodolfo Guzmán Huerta) o de cómicos como Clavillazo (Antonio Espino), Resortes (Adalberto Martínez), Viruta y Capulina (interpretados por  Marco Antonio Campos y Gaspar Henaine, respectivamente) que se desenvolvían en escenarios futuristas y de tecnología avanzada.

El año de la peste (1979).

Fue hasta la primera década del nuevo milenio cuando el género de ciencia ficción tuvo su resurgimiento en el cine nacional; las distopías lo tendrían un poco después. Sin embargo, existen excepciones antes de ello, como El año de la peste (México, 1979) de Felipe Cazals, la cual nos muestra una Ciudad de México invadida por un extraño virus mortal y El corazón de la noche (México, 1983) de Jaime Humberto Hermosillo, la cual cuenta una historia de suspenso en donde existe una sociedad secreta de discapacitados que buscan confrontar a las personas sanas. Ambas representan algunos de los primeros escenarios distópicos del cine mexicano.

A partir de los 2000 y hasta la actualidad han surgido producciones mexicanas del género de ciencia ficción que acontecen en realidades distópicas: El día menos pensado (2004) de Rodrigo Ordóñez, donde la Ciudad de México se ha quedado sin agua; La última muerte (2011) de David Ruiz, donde la sociedad está bajo el control de un banco de información de genética; Los parecidos (2015) de Isaac Ezban, ocurrida en un “momento distópico” en el cual las personas pierden la cordura; y S.A.I.A (2016) de Guillermo y Rodrigo Herrera Niembro, donde el mundo es regido bajo el poder de una súper-computadora ambientalista.

La última muerte (2011).

La constante de la ciencia ficción en el cine mexicano es apostar por contextos distópicos que, aunque están exacerbados y puestos en el futuro, representan un reflejo de las problemáticas sociales actuales: medio ambiente, contaminación, sobrepoblación, ética, genética, enfermedades, crisis económicas, migración, armas, guerras o conflictos. La ciencia ficción se vuelve entonces una forma de concientizar al público de los problemas que no están ocurriendo en un futuro distante, sino que estamos viviendo ahora pero que aún podemos solucionar.


Publicado originalmente el 09 de mayo de 2019 en el blog de FilminLatino.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario