En el momento
en que la narrativa fue posible en la cinematografía, cuando se empezaron a
contar las primeras historias basadas en la dramaturgia griega, aparecieron las
primeras figuras maternas en las películas, todas ellas muy diversas
debido a que responden como un reflejo de la experiencia que tuvieron los
cineastas con sus propias madres.
Vsévolod Pudovkin es probablemente el primer cineasta que hace un ensayo de la figura materna, aunque el estadounidense D.W. Griffith ya había realizado un filme donde el eje rector entre cuatro historias es una madre que mece a su hijo en la cuna: Intolerancia (Estados Unidos, 1916). No obstante el cineasta soviético hace con Madre (URSS, 1926) un testimonio, por supuesto con más peso a la parte política, del amor y la protección que tiene una madre por su hijo; demostrándolo al intentar liberarlo del régimen zarista y convenciéndolo de que luche del lado de la revolución.
La madre que
clama por la salvación de su hijo ante su caída de una carriola por las
escaleras de Odesa en El acorazado Potemkin (URSS, 1925) de Sergei
Eisenstein; la madre temperamental que lo intenta todo para mantener unida
a su familia aún bajo el contexto de la Italia ocupada por los nazis en Roma,
ciudad abierta (Italia, 1945) de Roberto Rossellini; la madre
rememorada por un hombre que intenta reencontrarse consigo mismo en El
espejo (Rusia, 1975) de Andrei Tarkovsky o la madre que lo perdió todo y
aún así intenta buscar una razón para vivir en Tres colores: azul (Francia,
1993) de Krzysztof Kieślowski. Estas y todas las que faltan reflejan
características de lo que se entiende por maternidad alrededor del mundo.
La madre en el cine mexicano toma forma durante la Época de Oro como la de una figura dedicada a la casa. A veces sumisa, protectora y consejera de sus hijos y de su esposo, con la fuerza suficiente para enfrentar los problemas y, si es necesario, arriesgarlo todo con tal de que su familia esté completa. Esta concepción ha ido cambiando a lo largo de los años, actualmente la madre sigue ligada a la protección y el cuidado pero se va alejando de la jerarquía patriarcal, siendo en algunos filmes primero una mujer que se revela ante la opresión y se libera.
![]() |
| Stella Inda interpreta a la madre de Pedro en Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel. |
Y es que
resulta difícil hacer un recuento de la madres que se han vuelto
inolvidables en la historia del cine. Es una figura tan diversa que puede tomar
miles de formas dependiendo de la mirada de su realizador. Cineastas como Francois
Truffaut, Pedro Almodóvar, Michelangelo Antonioni, Arturo
Ripstein o Michael Haneke desde su cultura y desde su posición
masculina han inmortalizado personajes maternos memorables pero es
imposible que no se diferencien de la propia mirada femenina y materna.
Es necesaria que la mirada femenina plasme la figura de la maternidad. Por
esto es que en películas como Gertrudis Blues (México, 2002) de Patricia
Carrillo, No quiero dormir sola (México, 2012) de Natalia
Beristáin, El secreto de Romelia (México, 1988) de Busi Cortés o Los
insólitos peces gato (México, 2013) de Claudia Sainte-Luce, todas
ellas dirigidas por mujeres, se nota la mirada femenina: conocedora,
arriesgada, intuitiva e inteligente.
![]() |
| No quiero dormir sola (2012). |
Publicado originalmente el 10 de mayo de 2019 en el blog de FilminLatino.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario