En el cine, a lo largo de su
historia, se ha representado al indígena de diversas maneras que van desde el
conquistado esclavizado, el ignorante humillado, la víctima del abuso, el
supersticioso irracional, hasta el noble que se vuelve héroe o el indígena que
se enamora.
Actualmente existen 15 millones de
personas indígenas en 68 pueblos distintos a lo largo del territorio mexicano.
Si bien esta población tiende a decrecer, ha sido hasta estos últimos años que
se dejó a un lado la representación, estereotipada y superficial,
establecida en la Época de Oro y se optó por documentar de manera más realista
a estos pueblos.
En el cine mexicano las primeras
apariciones de indígenas ocurrieron desde que se comenzó a producir cine en el
país; ¡Qué viva México! (México, URSS y Estados Unidos, 1932),
dirigida por Sergei Eisenstein, fue el primer acercamiento a esta figura y
a partir de esa década se siguió un patrón hasta después del fin de la
Época de oro.
El Indio (México, 1939) de
Armando Vargas de la Maza se considera una de las primeras representaciones de
la figura indígena mexicana. Cuenta la historia de Felipe (Pedro Armendáriz),
un indígena que es usado por un hacendado para encontrar tesoros arqueológicos
hasta que finalmente él y los trabajadores se rebelan. El actor volvería a
encarnar a un personaje indígena en La perla (México, 1945), dirigida
por Emilio "El Indio" Fernández.
En la Época de Oro, figuras
importantes como María Félix y Pedro Infante encarnaron papeles de
personas indígenas en películas como Maclovia (México, 1949) y Tizoc:
amor indio (México, 1956) respectivamente. Ignacio López Tarso repitió
esta figura en cintas como Nazarín (México, 1958) de Luis Buñuel y Macario (México,
1959) de Roberto Gavaldón.
Posterior a esta etapa surgieron
cineastas que se preocuparon por representar a los pueblos indígenas con mayor
cercanía a su realidad, esto ocurrió en películas como Llovizna (México,
1977) de Sergio Olhovich, Etnocidio: notas sobre el mezquital (México,
1977) de Paul Leduc o en varios de los cortometrajes animados realizados
por Dominique Jonard en conjunto con niños de varias comunidades indígenas. Aunque también surgieron personajes burlescos como
fue el caso de María Elena Velasco, conocida como “La india María”.
En los últimos años, las
nuevas generaciones de realizadores se han preocupado por mostrar a los pueblos
indígenas tal y como viven, mientras evitan caer en prejuicios o en los
estereotipos antes mencionados, apoyándose principalmente en el género
documental. Algunos de dichos filmes son Los herederos (México, 2008)
de Eugenio Polgovsky, Los hilos de la vida de las mujeres jaguar (México,
2014) de las Mujeres Mayas KAQLA o Tecuani, hombre jaguar (2017)
de Isis Alejandra Ahumada Monroy y Nelson Omar Aldape.
En la mayoría de los casos los
pueblos indígenas son representados por cineastas ajenos a ellos,
quienes aunque tengan la sensibilidad y el respeto para acercarse a sus
costumbres y tradiciones, no lograrán, o es poco probable, capturar una
representación de su cosmovisión tal y como la entienden ellos. Es por esto que
se vuelve urgente un verdadero cine mexicano indígena.
Publicado originalmente el 09 de agosto de 2019 en el blog de FilminLatino.



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