Cómprame un revólver (México,
2018) de Julio Hernández Cordón cuenta la historia de un padre
drogadicto que debe cuidar a su hija en un contexto sin fecha exacta, dentro de
una sociedad regida por el narcotráfico y que ha desaparecido a la
mayoría de las mujeres. Una película que pone sobre la mesa varios temas
actuales que nos afectan: machismo, feminicidios, crimen organizado y
drogadicción.
Esta es la fórmula —no por
comodidad de producción, sino por urgencia— de varias películas de ciencia
ficción: mezclar más de una problemática social, representarla en el futuro,
pero aterrizándola al presente con el objetivo de mostrar un poco de lo
que sucede en nuestra realidad y que podría ser incluso aún peor; pero
siempre se da la esperanza de que todavía es posible evitarlo.
Julio Hernández Cordón entiende la distopía
como una forma de “lanzar pedradas” a los espectadores: “creo que eso
suaviza las cosas para el público, saber que están presenciado algo que puede
sonar muy terrible pero que simula no estar en el presente”. El director comprende
que los escenarios distópicos son una forma muy sutil pero
efectiva de hacer conciencia.
Hernández Cordón desprende otros tópicos que son relevantes como la supresión de la libertad, el desgaste emocional, la niñez y la madurez. La niña protagonista, apodada “Huck”, -interpretada por la propia hija del director- narra la película con su voz en off, siendo muy consciente de su realidad y de los problemas que vive; llegando a ser un refugio para su propio padre Rogelio, pues son lo único que tienen: a ellos mismos.
Una constante en el cine de Hernández
Cordón es que niños y adolescentes se ven envueltos en contextos sociales
duros y deben enfrentarse a situaciones difíciles. En Gasolina (México,
2008) tres amigos roban gasolina con el único propósito de deambular sin rumbo
en un auto donde en cada parada se ven inmersos ante problemas que ponen a
prueba su amistad. Te prometo anarquía (México, 2015) explora
la relación entre Miguel y Johnny, quienes también se dedican a la venta de
sangre clandestina. En Cómprame un revólver (México, 2018) la
distopía es la que pone a prueba a los protagonistas.
A pesar de que su mundo resulta caótico y hostil, los personajes del cine de Hernández Cordón no olvidan que los lazos de amistad o familiares son realmente lo más importante que tenemos, pues brindan amor y protección, y siempre se buscará la forma de hacer frente a los problemas con tal de que todos se sientan bien. Así en el último filme del director, Rogelio no dudará en hacer cualquier cosa para mantener a su hija segura; ella, por su parte, intentará cuidar a su padre a pesar de las pocas posibilidades.
Lo único que queda de esperanza en los escenarios distópicos son la elección y el cambio. Así como existe la posibilidad de llegar a realidades indeseables y terribles o a escenarios más anhelados -por pura consecuencia de la humanidad y su desarrollo-, existe la posibilidad del cambio: esperar a que nuestras nuevas decisiones enderecen el rumbo y devenga en tiempos mejores.



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